¿QUÉ ES EL VIAJE AL TIEMPO DE LOS IBEROS?

Introducción

El extraordinario patrimonio arqueológico que dejó la cultura de los Íberos en Jaén es único en el mundo. El desarrollo de esta cultura entre el siglo VII a.C. y el I a.C., ha dejado en nuestra provincia un amplio patrimonio arqueológico, donde destacan las ciudades fortificadas (oppida) de Cástulo, Giribaile y Puente Tablas, cámaras funerarias como las de Toya y Hornos, y santuarios como el del Pajarillo o el de la Cueva de la Lobera.

El viaje que te proponemos al Tiempo de los Íberos es un gran proyecto promovido por la Diputación de Jaén y la Consejería de Turismo, en coordinación con los distintos ayuntamientos y con la colaboración de la Consejería de Cultura y el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén. El proyecto promueve la recuperación y valorización de una serie de yacimientos arqueológicos, así como la mejora o la creación de una red de centros de visitantes, museos y centros de interpretación.

No te pierdas el gran Viaje al Tiempo de los Iberos.

Plan turístico Viaje al Tiempo de los Iberos

El gran proyecto del “Viaje al Tiempo de los Íberos” nace en el contexto de la puesta en valor de los yacimientos arqueológicos de época ibérica en la provincia de Jaén, fruto del convenio de colaboración entre la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte de la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial de Jaén, con el fin de consolidar un producto de turismo cultural muy especializado y único a nivel internacional. Cuenta con la colaboración científica del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, y con la coordinación de la Consejería de Cultura.
Los municipios implicados para la realización del Plan Turístico son: Jaén, Linares, Peal de Becerro, Porcuna, Castellar, Vilches, Huelma, Ibros y Santa Elena.

El Plan de Desarrollo Turístico del “Viaje al Tiempo de los Íberos” nace con un triple objetivo:

 - El desarrollo económico de la provincia de Jaén favoreciendo la implantación de nuevas actividades turísticas en nuevos destinos.

 - El posicionamiento de la provincia de Jaén como uno de los más importantes destinos españoles de turismo cultural con un producto muy especializado y único.

 - La salvaguarda del patrimonio cultural ibérico y su difusión internacional

¿Quiénes son los Iberos?

Se identifica como Cultura Ibérica el periodo histórico de la Edad del Hierro, es decir una etapa localizada, entre el siglo VII y el siglo I a.C. En términos étnicos la población que caracterizó la Cultura Ibérica es la misma que desde el Neolítico ocupó el territorio andaluz, por lo que ha de descartarse que los pueblos íberos llegaran con su cultura ya configurada procedentes de África o de Asia, tal y como en algún momento se ha llegado a escribir. No obstante hay grandes diferencias entre las diferentes fases que caracterizaron el desarrollo de la Cultura Ibérica, lo que es normal para un periodo de siete siglos de historia.

Los íberos, desde un punto de vista tecnológico y económico, produjeron el instrumental agrario y las armas en hierro, fabricaron cerámica a torno, y dieron un fuerte impulso a la agricultura cerealista incorporando el molino rotatorio. También desarrollaron la arboricultura (almendro, vid, el olivo y los frutales) como nueva estrategia agraria.

Desde el punto de vista social y político era una sociedad aristocrática, lo que ya venia gestándose desde los inicios de la Edad del Bronce. Era una sociedad basada en el linaje extenso, es decir un grupo de parentesco unido por antepasados comunes; sin embargo para poder ampliar su poder los aristócratas necesitaban aumentar el número de miembros del linaje, lo que hicieron desarrollando las relaciones de clientela por las que muchas familias se integraban en el linaje sin tener relación parental alguna con él, tomaban el nombre gentilicio del aristócrata, cabeza de la institución, y entregaban parte de su producción agraria al príncipe a cambio tener tierra para cultivar y de incorporarse a los circuitos de los regalos y servicios que ofrecía el aristócrata, entre otras cuestiones, a su ejército.

La cultura íbera era urbana porque la identidad del grupo se fijaba a partir del lugar de residencia de los linajes: los oppida; grandes o pequeños centros urbanos (según el poder del linaje) que mostraban el poder del linaje aristocrático con impresionantes fortificaciones. En el interior se diseñaron trazados urbanos con calles paralelas y perpendiculares y casas ordenadas en manzanas y levantadas con zócalo de piedras, paredes de adobe y tapial y cubiertas de barro y caña, pues no conocían la teja.

Los príncipes sobre todo en el siglo IV a.C. dieron un gran desarrollo a los talleres de escultura con la aparición de los extraordinarios conjuntos de esculturas de Cerrillo Blanco en Porcuna y del Cerro del Pajarillo en Huelma, que en ocasiones acompañaban monumentalizando sus tumbas. A partir del siglo IV las necrópolis íberas eran el espacio funerario del linaje y mostraban tanto en la construcción de la tumba como en los ajuares funerarios las diferencias sociales entre los príncipes y sus clientes.

La geografía de los pueblos íberos demuestra la diversidad habida entre estos incluso en un territorio tan homogéneo como el Valle del Guadalquivir. Las fuentes históricas confirman en los periodos más antiguos la existencia de dos grandes etnias: una, la de los tartesios, localizada en la Baja Andalucía, y otra la de los mastienos que ocupaba la Alta Andalucía y que se extendía por el valle del Segura hasta la costa Mediterránea. Además debieron existir otros grupos. La evolución de este mapa en las fases siguientes no queda bien perfilada si bien desde la arqueología se dejan notar diferencias culturales entre los territorios de los tartesios que las fuentes tardías llaman la Turdetania y el de los mastienos que se reconoce como Bastetania y Oretania. Cabe la posibilidad que esta referencia sea solamente geográfica pues las nuevas identidades colectivas debieron desarrollarse desde el siglo V y IV a.C. a partir de los oppida. Y las gentes se reconocían por su linaje y su oppidum de residencia. Para algunos investigadores las diferencias entre tartesios y mastienos (bastetanos y oretanos) justificaría el reconocimiento de dos culturas diferenciadas con tradiciones funerarias distintas e incluso escrituras y hablas diferentes.